Para Lauro algo no marchaba bien. O varias cosas. Y la
evidencia era que los viajes de esa esfera metálica de poco más de siete kilos
no llegaban a puerto deseado y navegaban a mitad de camino entre lo que su
anhelo motorizaba y lo que su cuerpo disponía. Entonces eligió en septiembre de
2009 volver a Trenque Lauquen, la ciudad que lo había visto nacer 25 años antes
y de la que se había despedido en 2001. “Venía de un mal momento, tanto a nivel
deportivo como personal. Además, estaba cansado de Buenos Aires”
“Tomé la decisión de regresar y me sirvió muchísimo. Volver
a compartir cosas con mi familia y mis amigos de toda la vida me dio mucha
tranquilidad”, reconstruye Germán Lauro aquel momento bisagra en su transitar.
El reencuentro no sólo incluyo a sus afectos más estrechos
sino a Carlos Llera, su profesor de educación física desde segundo hasta quinto
año en el secundario y el primero que depositó una bala en su mano.
"Volver a entrenarme con él me permitió dar en la tecla y descubrir qué me
pasaba. Gané confianza y crecí", recuerda.
Y vaya si ha logrado mucho en los treinta y dos meses transcurridos
desde la vuelta al pago: la ruptura de la barrera de los 20 metros, la marca
mínima B exigida para acceder a los Juegos Olímpicos, la medalla de bronce en
los Panamericanos de Guadalajara y el récord nacional elevado hasta los 20,43
metros.
"Los últimos resultados marcaron un crecimiento muy
positivo, teniendo en cuenta que todavía no estoy en una etapa competitiva sino
saliendo de una pequeña pretemporada. Pero las mejores marcas tendrían que
llegar dentro de un mes. Por eso, haber igualado mi récord a esta altura es muy
bueno", explica, sin marearse. De todas maneras, la evidencia de los
números respalda su confianza y lo invita a soñar con más: "Hay aspectos
físicos a trabajar y detalles técnicos que se pueden corregir en este período.
Por eso sé que puede haber muchísimo crecimiento y que puedo lanzar aún mucho
más.
Pero, a los 28 años y con un rodaje mayor, la idea no sólo
es participar, como en Beijing, sino dar el salto. "El objetivo es estar
en la final y sé que tengo posibilidades se ilusiona. Ya se dio en Estambul y
espero repetirlo en Londres. Pero depende del trabajo que haga de acá a los
Juegos. Será difícil porque todos llegarán en óptimas condiciones". Hoy su
marca de 20,43, conseguida en Mar del Plata el 28 de abril, lo ubica en el 14º
escalón del ranking de 2012 que lidera el estadounidense Reese Hoffa (21,73).De
todas maneras, los cálculos previos le hacen creer que podrá anotar su nombre entre
los 12 mejores si supera los 20,30, un piso que ya se le ha dibujado accesible.
Todo ello para que el 3 de agosto, cuando le toque pisar el
Estadio Olímpico de la capital británica, el margen de error sea mínimo.
"Eso es lo que hace a este deporte tan duro pero también tan interesante.
Nosotros no tenemos suplentes y no podemos tener una mala tarde, por eso
tenemos que trabajar para llegar al día de la competencia en las mejores
condiciones y con la confianza que te da haber hecho una preparación al máximo.
Esa confianza es la que te da el plus a la hora de
competir". Ese plus al que procura dar cuerpo en la recta final para así
materializar su sueño olímpico.

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