martes, 3 de julio de 2012

Entrevista al remero Santiago Fernández


"Aspiro a estar entre los diez mejores, pero no me gusta hablar antes para no crear expectativas. Obviamente, me gustaría entrar a la final y ganar una medalla, pero con estar entre los diez primeros estaría bastante bien", reconoce Santiago, que se subió al último tren con destino a su cuarta cita olímpica al alcanzar el segundo puesto en el single scull, en la semifinal del Preolímpico de Tigre.



Recordando sus primeras paladas, el Pollo cuenta que fue Manuel Fernández, su primer entrenador, quien apostó por él desde un principio. "Él me tenía mucha más fe que yo. Decía que iba a ser bueno y a mí me daba vergüenza porque no me lo creía.

Además, era muy flaquito. Pero él vio algo en mí y se dio cuenta de que podía llegar a ser bueno". Y no se equivocó. Las cinco medallas logradas en los Juegos Panamericanos son una prueba de ello, estableciendo todo un récord al superar a quien para él fue "el mayor exponente del remo en la historia argentina", el enorme Alberto Demiddi, que llegó a cosechar cuatro preseas, tres de oro y una de plata. Sin embargo, Fernández no se codea con las estadísticas. "No me gusta competir ni compararme porque son otras épocas", resalta.

El tiempo pasa, también para el oriundo de Tigre, que opina que la edad ideal para un remero es entre los 25 y los 35, justo los que lleva a cuestas. Pero los años no son una preocupación.

"No estoy viejo para remar. El cuerpo todavía da, más que el físico son las ganas que uno tiene de ponerse a entrenar", aclara. Enseguida, el estudiante de agronomía al que le faltan cuatro materias para recibirse continúa revelando la fórmula de este vital presente. "Estuve un par de años entrenándome poco, descansé, avancé mucho con la facultad, y hace un año y medio que estoy a full. El secreto es que me gusta lo que hago, disfruto de remar y eso es lo más importante", asegura.

Su rutina de cara a Londres se basa en entrenamientos a doble turno, recorriendo 30 ó 40 kilómetros en el agua. "Salvo que llueva torrencialmente y haya viento, no se sale. Pero si llovizna y hace mucho frío, vamos igual. Una vez que el cuerpo entra en calor, no importa cómo esté afuera", cuenta el padre de un bebé de un año y medio, fruto de su relación con Silvana, su mujer. "Me banca mucho en los viajes y entiende perfectamente que es algo que tengo y quiero hacer", le agradece a su chica.

Dentro de una semana, Santiago viajará a la capital inglesa junto al equipo nacional de la disciplina para mudarse el 18 a la villa y así encarar los últimos preparativos con menos intensidad para llegar descansado al debut del 28 de julio en el complejo Eton Dorney, de 400 hectáreas y aclamado como uno de los mejores lugares del mundo para correr regatas.

Pensando en el futuro, la duda se hace presente a la hora de responder si estos serán sus últimos Juegos Olímpicos. "Podrían ser, sí, pero no lo sé", expresa Fernández, con la misma indecisión que cuando le toca decir si tiene algún objetivo por cumplir.

A ocho años de haber obtenido su logro más importante -el 4° puesto en Atenas 2004-, hay algo de lo que Santiago no duda: seguirá ligado al remo toda su vida. Y, quizás, en Londres logre dejar otra huella en el agua.

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