"Aspiro a estar entre los diez mejores,
pero no me gusta hablar antes para no crear expectativas. Obviamente, me
gustaría entrar a la final y ganar una medalla, pero con estar entre los diez
primeros estaría bastante bien", reconoce Santiago, que se subió al último
tren con destino a su cuarta cita olímpica al alcanzar el segundo puesto en el
single scull, en la semifinal del Preolímpico de Tigre.
Recordando sus primeras paladas, el Pollo
cuenta que fue Manuel Fernández, su primer entrenador, quien apostó por él
desde un principio. "Él me tenía mucha más fe que yo. Decía que iba a ser
bueno y a mí me daba vergüenza porque no me lo creía.
Además, era muy flaquito. Pero él vio algo en
mí y se dio cuenta de que podía llegar a ser bueno". Y no se equivocó. Las
cinco medallas logradas en los Juegos Panamericanos son una prueba de ello,
estableciendo todo un récord al superar a quien para él fue "el mayor
exponente del remo en la historia argentina", el enorme Alberto Demiddi,
que llegó a cosechar cuatro preseas, tres de oro y una de plata. Sin embargo,
Fernández no se codea con las estadísticas. "No me gusta competir ni
compararme porque son otras épocas", resalta.
El tiempo pasa, también para el oriundo de
Tigre, que opina que la edad ideal para un remero es entre los 25 y los 35,
justo los que lleva a cuestas. Pero los años no son una preocupación.
"No estoy viejo para remar. El cuerpo
todavía da, más que el físico son las ganas que uno tiene de ponerse a
entrenar", aclara. Enseguida, el estudiante de agronomía al que le faltan
cuatro materias para recibirse continúa revelando la fórmula de este vital
presente. "Estuve un par de años entrenándome poco, descansé, avancé mucho
con la facultad, y hace un año y medio que estoy a full. El secreto es que me
gusta lo que hago, disfruto de remar y eso es lo más importante", asegura.
Su rutina de cara a Londres se basa en
entrenamientos a doble turno, recorriendo 30 ó 40 kilómetros en el agua.
"Salvo que llueva torrencialmente y haya viento, no se sale. Pero si
llovizna y hace mucho frío, vamos igual. Una vez que el cuerpo entra en calor, no
importa cómo esté afuera", cuenta el padre de un bebé de un año y medio,
fruto de su relación con Silvana, su mujer. "Me banca mucho en los viajes
y entiende perfectamente que es algo que tengo y quiero hacer", le
agradece a su chica.
Dentro de una semana, Santiago viajará a la
capital inglesa junto al equipo nacional de la disciplina para mudarse el 18 a
la villa y así encarar los últimos preparativos con menos intensidad para
llegar descansado al debut del 28 de julio en el complejo Eton Dorney, de 400
hectáreas y aclamado como uno de los mejores lugares del mundo para correr
regatas.
Pensando en el futuro, la duda se hace
presente a la hora de responder si estos serán sus últimos Juegos Olímpicos.
"Podrían ser, sí, pero no lo sé", expresa Fernández, con la misma
indecisión que cuando le toca decir si tiene algún objetivo por cumplir.
A ocho años de haber obtenido su logro más
importante -el 4° puesto en Atenas 2004-, hay algo de lo que Santiago no duda:
seguirá ligado al remo toda su vida. Y, quizás, en Londres logre dejar otra
huella en el agua.

No hay comentarios:
Publicar un comentario